Historia del Cannabis en Chile

La historia del cáñamo en Chile.

¿En qué momento se nos pasó como nación prohibir una sustancia que nos dio siglos y siglos de estabilidad agraria?, ¿Qué nos ocurrió como sociedad que nos llevó a criminalizar una planta que nos ha acompañado desde los tiempos de la conquista española y que contribuyó al desarrollo económico de la Capitanía General de Chile y posteriormente fue fundamental para las arcas del Chile independiente? Estas interrogantes serán resueltas a lo largo de este viaje que iniciamos ahora: El cultivo de cáñamo colonial. El uso del cáñamo en chile proviene desde los tiempos del “Descubrimiento y Conquista”, ya que desde la península ibérica venían ropajes, velas, jarcias, entre otros productos manufacturados gracias a la versatilidad del cannabis sativa. Siguiendo esta lógica podríamos aventurarnos incluso a decir que el “Nuevo Mundo” fue conquistado gracias a las bondades del cáñamo, ya que cada uno de los hombres y mujeres que se atrevieron a cruzar el Atlántico, podemos afirmar con autoridad, traían en sus pertenencias alguna prenda o utensilio confeccionado con la versátil fibra del cáñamo.2

 

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Al momento de hablar del cáñamo en Chile y de la importancia de este cultivo, es hablar de la existencia misma de lo que hoy conocemos como “territorio nacional”, ya que desde la llegada de la expedición del Adelantado don Diego de Almagro, los productos fabricados con cáñamo venían acompañando el momento exacto en que las huestes españolas acompañadas por cientos de yanaconas incaicos pisan el suelo que actualmente abriga nuestra identidad, pero la primera señal de un cultivo con fines industriales la da el navegante genovés Juan Bautista Pastene, quien en su encomienda ubicada en lo que hoy sería Curacaví, encontró el lugar perfecto para el cultivo de esta planta de origen asiático, estableciendo una fábrica de frazadas y jarcias la que decayó hacia el año 1558.

 

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Desde ese primer contacto con las fértiles tierras del Valle Central chileno, el cáñamo ha sido cultivado por campesinos y todos aquellos quienes quisieran beneficiarse de esta noble planta. Para dar una visión de lo que significaba este cultivo para Chile es que el naturalista francés Claude Gay, da una breve pero detallada descripción de lo que era la diversificación de los frutos introducidos por los europeos en nuestra tierra:

 

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“Así a fines del siglo XVI todos los frutos de la vieja Europa se encontraban ya en tal abundancia que toda persona podía entrar libremente a una huerta y comer a su satisfacción sin temer la más ligera observación del propietario. Entre las plantas y las legumbres se cultivaban todos los que se conocen hoy día y aun el anís, el comino, mucho lino y cáñamo.”3 Gay, nos da a conocer un Chile fértil, idóneo para el cultivo de frutas, verduras, legumbres y por supuesto la cannabis sativa tenía un lugar privilegiado entre los agricultores; quienes veían en este cultivo una forma de subsistir y de tener un abanico mayor de productos para comercializar en los mercados, principalmente en el de Valparaíso y de Santiago.

 

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Con el comienzo del siglo XVII el cáñamo mantendrá su estatus principalmente en la primera mitad de la centuria donde por ejemplo hacia 1605, en la localidad de Quillota, habiendo caducado la encomienda de don Francisco de Irarrázaval, estas tierras pasaron a posesión de la corona española, siendo el momento en que García Ramón, instaló en este lugar, “un obraje, destinado principalmente a tascar e hilar cáñamo, tanto para jarcia como para mechas destinadas a los arcabuces del ejército de la frontera.” 4 Al año siguiente el 1 de enero de 1606, se dio lugar en la ciudad de Santiago a la primera Exposición de Artes e Industrias, donde estaban representadas principalmente la Alfarería, Curtiduría y la Torcedura de Cáñamo.   Durante el transcurso de este siglo, debemos tener en cuenta lo que José Bengoa nos describe sobre la agroindustria colonial en los Valles Transversales: “Esta planta se cultiva en la zona de Aconcagua desde los tiempos de la conquista española, época en la cual tuvo muchísima importancia. Tan favorables condiciones encontró el cáñamo en Chile y se desarrolló tanto su industria, que en 1645 se exportaban a España partidas de 27.300 quintales.”5   El mismo autor, señala que hacia el siglo siguiente “disminuyó mucho este cultivo y el Rey, para levantarlo, daba los terrenos vacíos a la condición de que se hicieran siembras de cáñamo y lino”6(5), dentro de este mismo marco, debemos tener en consideración que los reyes deEspaña, tenían muy bien posicionado al cáñamo chileno, por lo cual, se buscaba incentivar el mayor cultivo y beneficio de esta planta. Como bien dice Bengoa, el siglo XVIII fue de un comienzo lento, donde no había mucho interés en el cultivo del cáñamo, salvo en las zonas tradicionales como el Valle del Aconcagua, donde si bien disminuyó la cantidad de fibra elaborada nunca se dejó de lado la actividad cañamera; Con la llegada de la segunda mitad del siglo los grandes productores se vieron beneficiados por el decreto de libre comercio ampliado en 1765 por el rey de España, y que llegó a nuestras tierras en 17787; esto logró durante la época colonial, que Chile, fuese el principal productor de semillas y de velas para barcos del imperio español.

 

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Uno de los grandes intelectuales chilenos del periodo colonial, don Manuel de Salas, fue otro de los grandes impulsadores del cultivo del cáñamo en Chile, ya que, en su tratado llamado “Memoria de don  Manuel de Salas, sobre el  estado  del comercio,  industria y  agricultura de Chile, en 1796”8, donde atribuye a causales sociológicas el poco desarrollo de las diversasactividades realizadas en nuestro territorio, las que las trata de la siguiente forma: “la grande fecundidad de las mujeres, de la continua llegada de foráneos y de la muy rara salida de los naturales y sin embargo nada es más común que ver en los mismos campos que acaban de producir pingues cosechas, extendidos por pedir de limosna el plan, los brazos que la recogieron y tal vez en el lugar donde acaban de venderse las fanegas de trigo a ínfimo precio en la era.”9 Salas, cree que la liviandad de la sociedad, el poco compromiso con el territorio nacional y la gran cantidad de población flotante son causales para la baja producción agrícola en la primera mitad de este siglo. El decreto de libre comercio de 1778, Contribuyó a mostrar el avance que comenzó a tener el comercio del cáñamo, ya que, con el proceso selectivo adoptado por los grandes propietarios, y el nuevo aire que tomó para el campesinado este tipo de cultivo, se comenzó a requerir de nueva mano de obra que seleccionara las plantas que tuviesen la certificación y características necesarias para pasar por las hiladoras y transformarse en peines, junto con eso, se debió mejorar la calidad de los telares, esto nos muestra como a fines del siglo XVIII, la “industria” se diversificó, reactivó y tuvo un nuevo impulso, creando nuevas fuentes laborales, y una cierta estabilidad para enfrentar una centuria particularmente intensa en materia de industrialización y competitividad con la llegada de la independencia y capitales extranjeros anexos a lo que tenía que ver con España. El cáñamo y su auge decimonónico y las decadentes primeras décadas del siglo XX. Con la llegada del siglo XIX, el panorama para el cultivo e industria del cáñamo, comienza a cambiar, junto con el destino político de nuestro territorio. Una vez consumada la independencia de nuestro país, la alicaída situación económica, hizo que muchas cosas cambiaran, por ejemplo, aquellas “regalías” que los mestizos tenían en el periodo colonial se comenzaron a terminar de forma paulatina, de ahora en más “todos son iguales”10, en el sentido de que cada individuo tiene que trabajar, producir por el bien de la nación, comienza a predominar en algunos sectores ligados al poder este sentimiento de patriotismo, nacionalismo, y junto con esto, expanden su ideal a los sectores populares de la sociedad. En el marco del siglo XIX, debemos tener en consideración la baja producción asociada al proceso independentista, en el cual, mucha de la mano de obra se vio mermada por causas bélicas, otro de los factores, es la migración desde los valles hacia el norte del territorio, esto por la creciente demanda de las minas de oro, plata y cobre. Con la independencia consumada, tenemos una serie de decretos firmados por Bernardo O’Higgins, de los cuales pasaremos a revisar uno de los más relevantes firmado en el año 1822, el cual es llamado “Contrato de Cáñamo propuesto y aceptado por el gobierno”11 este trata sobre la condición de la producción de esta planta, y de cómo el estado podía fomentar el cultivo y beneficio de este.

 

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Al llegar la nueva década, comienzan los gobiernos conservadores, con José Joaquín Prieto, y volviendo a hacer una revisión del texto de Pérez Solano -citada al comienzo de nuestro trabajo- nos encontramos con un listado de proposiciones incentivadas por el gobierno de Prieto, se enumeran una serie de regalías para aquellos agricultores, que motivaran un cambio en el proceso de elaboración de productos a base de cáñamo, por ejemplo, mejoras en la calidad de las maquinarias y aún más allá, en la creación de nuevas máquinas, que por esos años escaseaban, dentro de esos incentivos tenemos: “Art. 1°: Los cáñamos y linos cosechados en el país y sus semillas serán exentos del pago de diezmo por el término de diez años que principiaran a contarse desde la promulgación de esta lei. Art. 2°: Las expresadas semillas y los aceites que de ella se extraigan, a su exportación para puertos extranjeros serán libres de derechos de salida. Art. 3°: Se señala un premio de dos mil pesos al que invente, y de mil pesos al que introduzca o construya en Chile, imitando modelos extranjeros, la primera máquina que simplifique y perfeccione el beneficio de ambas plantas. Art. 4°: Para conseguir este premio será necesario, no solo que la maquina simplifique y perfeccione dicho beneficio, sino que sea de poco costo y de fácil uso para el común del pueblo, y de que con el mismo trabajo un producto doble al que se obtiene.”12 Esta ley buscaba principalmente, dar un incentivo económico a todos aquellos que se aventuraran a intentar innovar en el desarrollo de máquinas que fuesen de gran valor para la evolución de la industria del cáñamo. Esto sin lugar a dudas motivó un cambio, que llevó a la agricultura chilena al siguiente nivel, ya que, de pasar de una producción familiar como veíamos en el punto anterior, ya se necesitaba de mucha mano de obra para controlar la gran cantidad de plantas existentes principalmente en el valle del Aconcagua, zona de particular fecundidad y adaptación para las sementeras, por su clima y su tierra, una de las más adecuadas del mundo para el cultivo y beneficio de esta planta. La calidad del cáñamo chileno, en el siglo XIX, es indudablemente la mejor del mundo, esto, lo planteamos sin el más mínimo localismo intencionado, lo hacemos según lo dicho por propias palabras del Capitán Walgrave, de nacionalidad inglesa y que en el año 1830, pasó por nuestras costas en su navío Seringapatan, relatando lo siguiente: “De todos los cáñamos conocidos, el vuestro es sin disputa el mejor, por las pruebas que de él se han hecho en Inglaterra, en que ha sobrepasado en fuerza al de Rusia con mucha ventaja, y sólo ha podido competirle el de Valencia. Igual prueba con el mejor resultado para nuestro cáñamo, se ha hecho en Valparaíso a bordo de la “Seringapatan”, por el (nombrado) Capitán Walgrave, en 1830. Por lo que hace a su vegetación, es muy abundante y vigoroso, pues creció a una altura muy considerable, como la observación los sabios viajeros, D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, que dicen “que el cáñamo que se produce en Chile crece lozanamente, excediendo su calidad y altura al que se cría en España”; y algunas veces llega a crecer a tal punto que vista una sementera el año 1804 por el comandante Colmenares, comisionado por el rey en aquella época, para levantar los planos de la costa, se admiró tanto de su magnitud, que llevó, por mucha curiosidad, algunas plantas que excedían de 110 pulgadas para presentarlas en España por una cosa particular.”13

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Lo que este capitán en su sorprendido relato, intenta mostrar son las comparaciones a las que nuestro cáñamo fue sometido, en Londres, contra los históricos productores de este material, como los rusos y los españoles, los primeros, por su gran extensión territorial euroasiática, tenían marcadas influencias de Asía, donde se encontraron los primeros vestigios del uso artesanal y medicinal del cáñamo, entonces, ellos llevaban siglos incluso milenios de experticia en el cultivo de esta planta, por lo cual, poder tener un producto con una fuerza superior a la rusa, era un logro para nuestros precarios productores. Entrada la segunda mitad del siglo XIX, y con los planes de O´Higgins y Prieto a medio ejecutar, ya que, si bien se abrieron fábricas de cuerdas en Valparaíso, estas “duraron poco tiempo, pues a pesar de la protección del gobierno se seguían importando cáñamos extranjeros.”14Dentro deeste marco, las que sobrevivieron al cierre de sus puertas podemos destacar “La “fábrica de jarcias de Parry Hnos”, de San Felipe, y la fábrica de cuerdas “La Industrial de Los Andes”, eran en la segunda mitad del siglo XIX las más importantes compradoras de este rubro. También existían pequeñas hilanderías que hacían un trabajo más fino, como cuerdas hechas a mano y otro tipo de productos derivados del cáñamo.”15en ese sentido debemos tener en cuenta queera la única forma de subsistencia económica, para quienes se atrevieron a diversificar la industria del cáñamo, esto trajo dividendos en primera instancia a las empresas que abrieron sus fábricas en la quinta región, esencialmente en los valles transversales, donde la humedad del río Aconcagua, contribuyó a la pervivencia de estas pequeñas fábricas, debido a que en sus riberas se podían llevar a cabo, la gran mayoría de las actividades que estaban relacionadas con el cultivo y extracción del cáñamo. Durante las últimas décadas del siglo XIX, las importaciones se incrementaron de tal modo que hacia el año de 1881 se internaban aproximadamente “135.268 pesos y en 1887, 2.156.291 pesos en hebras.”16 lo cual marcó una depresión y una falta de interés de aquellos hacendados que hicieron alguna vez fortuna con el cáñamo, dentro de estos tenemos a José Miguel Irarrázaval Alcalde, quien era dueño de una propiedad llamada “Pullally”, la que durante un par de centurias estaba dedicada al cultivo del cáñamo, entrada la recta final del siglo XIX, y con las bajas en la rentabilidad de este negocio, hizo que “aquellos espacios regados, anteriormente dedicados a cultivos de cáñamo para la producción de jarcia, pierden terreno gradualmente con el correr del siglo frente a la producción cerealera, en un proceso similar a otras de la zona.”17 Este no fue solo un hecho aislado, sino, que muchos otros productores de la zona del Aconcagua, comenzaron a orientar sus producciones hacia el área cerealera, ganadera o frutícola, dejando de lado la añosa producción cañamera.

 

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Con el siglo XX, hubo cambios que ayudaron a comprender la realidad en que nos encontrábamos, durante las primeras dos décadas de la centuria pasada, se llevaron a cabo diversos censos agrarios los que nos proporcionan importantes datos acerca de los volúmenes reales de la producción del cáñamo, sobre todo en el valle del Aconcagua, principal beneficiario de este auspicioso negocio. En el año 1923, Juvenal Valenzuela, editó un álbum agrícola de la zona central del país18 donde contribuyó a individualizar los cultivos por valles, regiones, ciudades, haciendas, estancias y chacras, siendo un pilar fundamental para obtener datos sonde los cultivos agrarios en la zona central.   En lo que respecta a la provincia de Aconcagua, debemos tener como principal referente productivo a la zona de San Felipe y Los Andes, donde el cáñamo industrial tenía sus “centros operativos”, y desde aquí se distribuía al puerto de Valparaíso y el resto de las ciudades de nuestro país.

 

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En lo que respecta al resto de la zona central del país los niveles productivos son ínfimos, lo que hace que no nos parezca prudente desclasificarlos de una forma más detallada. Con el correr de los años veinte y la llegada de la crisis económica de 1929, que a nuestro territorio llegó en la década de 1930 y azotó de manera brutal la economía nacional, hizo que el comercio de los productos derivados del cáñamo fuera a la baja y sus niveles de producción así lo demostraron. En tiempos del presidente Arturo Alessandri Palma, específicamente al comienzo de su mandato en el año 1932, la caja de comercio agrícola llevó a cabo un manual19 para poder reactivar el cultivo y beneficio del cáñamo por los campesinos del valle central de nuestro país, para intentar inyectar nuevas fuentes de empleos temporales en el año en que nuestra economía estaba destrozada con los efectos de la crisis económica de Estados Unidos de 1929.   Para concluir esta primera y breve revisión de la Historia del Cáñamo en Chile, debemos decir que llegando la medianía del siglo, los estudios comienzan a cambiar su enfoque, dirigiéndose más a las enfermedades asociadas con el trabajo en las fábricas, como la bronquitis, dejando de lado las mediciones e incentivos para el cultivo y beneficio del cáñamo. Podemos inferir que la influencia de la prohibición norteamericana (1937) comenzaba a tomer posesión de las autoridades chilenas y de las formas en que se enfocaban las políticas públicas, las cuales abordaremos en la próxima entrega, que estará dedicada a revisar e interpretar las leyes prohibicionistas aplicadas por el gobierno de Chile.

 

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Nelson Rivas (@humosconstantes)

 

Bibliografía y comentarios:

 

1. Licenciado en Historia, Licenciado en Educación, Profesor de Historia y Geografía, Universidad Nacional Andrés Bello; Gestor Cultural (Diplomado por la Pontificia Universidad Católica de Chile).
2. Guillermo Garat: “Marihuana y otras yerbas: Prohibición, regulación y uso de drogas en Uruguay”, Editorial Sudamericana Uruguaya S.A, Montevideo, Uruguay, 2012.
3. Claude Gay: “Historia Física y Política de Chile: Agricultura”, v.1, Impreso en casa del autor, París, Francia, 1862, página 15.
4. Carlos Keller: “Los Orígenes de Quillota”, Apartado del Boletín de la Academia de la Historia Nº 61, Santiago de Chile, 1960, páginas. 23-24.
5. José Bengoa: “Historia Social de la Agricultura Chilena” v.2, Editorial SUR, Santiago de Chile, 1988-1990, páginas 72-73.
6.  Ídem: página 72.
7.  Archivo Nacional: Fondo Varios, volumen 913.
8. Archivo Nacional: Fondo Claudio Gay, volumen 19, pieza 27. Fojas 163-172. 9 Ídem: Foja 163.
10. Al usar la expresión “Todos son iguales”, nos estamos refiriendo a que en el periodo colonial, los mestizos, estaban exentos de trabajar, es decir, estaban fuera de la legislación colonial española, ahora bien, con la salida del poderío político español, los nuevos legisladores chilenos, comenzaron a reformular el estado, con el fin de obtener mayores beneficios económicos, y para regular la situación económica interna. Esto bajo ninguna condición quiere decir, que nos estemos refiriendo a una igualdad social, ya que, hasta el día de hoy, esa “igualdad” no es más que una utopía.
11. Archivo Nacional: Fondo Antiguo, volumen 33, fojas 179-180v.
12. Francisco Pérez Solano: Memoria sobre el cultivo y beneficio del lino y el cáñamo en Chile”, Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1833. páginas 3-4.
13. Ídem: páginas 10-11.
14. Juan Luis Espejo: “Monografía de la chacra Los Nogales”, Tesis Ingeniero Agrónomo, Instituto Agronómico, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1912.
15. José Bengoa: Op. Cit.  páginas 72-73.
16. Juan Luis Espejo: Op. Cit.
17. Horacio Aránguiz y Cristián Rodríguez: “Tradicionalismo y cambio agrícola en Aconcagua: elementos para su comprensión.”, inmerso en “Historia” nº 29, Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1995-1996, página 9.
18. Juvenal Valenzuela (Editor): “Álbum: Zona Central de Chile, Informaciones Agrícolas”, Impresiones Universidad, Santiago de Chile, 1923.
19. Caja de Crédito Agrícola: “El cultivo del cáñamo en Chile”, Impresiones Universo, Santiago de Chile, 1932.